Atrapada por el Deseo: La Oficial y sus Captores NSFW




En una noche oscura y lluviosa, la oficial María patrullaba las calles desiertas de la ciudad. De repente, su radio crepitó con una alerta: se habían reportado dos ladrones en una joyería cercana. Sin perder tiempo, María aceleró su patrulla hacia el lugar, con el corazón latiendo con anticipación.

Al llegar, encontró la puerta de la joyería forzada y signos evidentes de un robo reciente. Justo cuando se disponía a entrar, dos figuras emergieron de las sombras: eran los ladrones, con bolsas llenas de joyas. "¡Alto, policía!" gritó María, sacando su arma.

Los ladrones, sorprendidos, se detuvieron por un momento, pero rápidamente reaccionaron. Uno de ellos, con una sonrisa traviesa, dijo: "¿Y si no queremos detenernos, oficial?"

El otro ladrón, más audaz, se acercó a María con pasos lentos y deliberados. "Tal vez podríamos negociar," sugirió, su voz ronca y tentadora.

María, aunque nerviosa, mantuvo su compostura. "No hay nada que negociar. Ustedes dos están bajo arresto."

El primer ladrón, con una risa burlona, se acercó aún más, hasta que estuvo a solo unos centímetros de María. "¿Y si te ofrecemos algo que no podrás rechazar?" murmuró, su aliento cálido contra su mejilla.

María sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no retrocedió. "No estoy interesada," respondió con firmeza, aunque su voz temblaba ligeramente.

El segundo ladrón, sin esperar más, la tomó por la cintura y la atrajo hacia él. María intentó resistirse, pero la fuerza del ladrón era abrumadora. "Relájate, oficial. Solo queremos divertirnos un poco," susurró en su oído.

María se encontró atrapada entre los dos hombres, sus cuerpos presionados contra el suyo. El primer ladrón comenzó a desabotonar su camisa, revelando su piel suave y tentadora. "Eres muy hermosa, oficial," murmuró, sus dedos trazando su clavícula.

El segundo ladrón, mientras tanto, desabrochó su cinturón y bajó su cremallera, liberando su excitación. "No te preocupes, te gustará," prometió, su voz cargada de deseo.

María, a pesar de su resistencia inicial, comenzó a sentir una mezcla de miedo y excitación. Los ladrones la guiaron hacia el interior de la joyería, donde la depositaron suavemente sobre una mesa de exhibición. El primer ladrón se arrodilló entre sus piernas, levantando su falda para revelar sus medias y ligueros. "Perfecto," susurró, antes de bajar su cabeza y comenzar a besar sus muslos.

El segundo ladrón, sin perder tiempo, se desnudó completamente y se posicionó detrás de María, sus manos explorando su cuerpo con avidez. "Te sentirás increíble," prometió, antes de penetrarla con un movimiento rápido y seguro.

María gimió, una mezcla de placer y sorpresa. El primer ladrón, al escuchar su gemido, sonrió y continuó su asalto sensual, sus dedos y lengua trabajando en perfecta sincronía para llevarla al límite del éxtasis.

Los ladrones, coordinados y decididos, llevaron a María a un clímax explosivo, sus cuerpos moviéndose en armonía hasta que finalmente se derrumbaron, exhaustos y satisfechos.

María, recuperando el aliento, se dio cuenta de que había sido una experiencia inolvidable, a pesar de las circunstancias. Los ladrones, con una última sonrisa, se retiraron, dejando a María sola en la joyería, con recuerdos que la acompañarían por mucho tiempo.

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